Te ruego que recites el pasaje, con soltura y naturalidad y no a voz en grito como acostumbran muchos actores. guardate también de aserrar demasiado el aire, con la mano.
Moderacion en todo, pues hasta en medio del mismo torrente, tempestad y aun podría decir torbellino de tu pasión, debes tener y mostrar aquella templanza que hace elegante y suave la expresion.
No seas tampoco demasiado tímido. que la acción responda a la palabra y la palabra a la acción, poniendo un especial cuidado en no traspasar los límites de la sencillez de la naturaleza porque todo lo que a ella se opone se aparta igualmente del propio fin del arte dramático, cuyo objeto ha sido y es presentar un espejo de la humanidad. mostrar a la virtud sus propios rasgos, al vicio su verdadera imagen y a cada edad y generación su fisonomía y sello característico.
No permitais que los que hacen de graciosos ejecuten mas de lo que les esté indicado, porque alguno de ellos empiezan a dar risotadas para hacer reir a unos cuantos espectadores imbéciles, aun cuando en aquel preciso momento algun punto esencial de la pieza reclame la atención. esto es indigno, y revela en los insensatos que lo practican la mas estupida pretensión…
"Hamlet, príncipe de Dinamarca". William Shakespeare. Acto III, escena II.
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